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El espacio no es lo que parece

Del 13 de octubre del 2020 al 3 de diciembre del mismo año, realicé una intervención en el espacio de la Casa de Cultura Tlanezcalli, con el apoyo de la Secretaría de Arte y Cultura del Honorable Ayuntamiento de San Andrés Cholula.

Dicha intervención constó de una instalación hecha con materiales orgánicos, siendo el adobe el material que le dio vida al cuerpo curvo. 
 

Exposición
04 de diciembre del 2020

en colaboración con David Torres y Rosario Escobedo

Proceso de montaje

​más del montaje

acerca de...

Críticas

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21 de diciembre del 2020

Crítica por el artista plástico, Mtro. Carlos Arias

La plasticidad y la riqueza material de la construcción de Fernanda Torres la hacen ser una pieza muy elocuente pues llama al pasado vernáculo de la región, así como a el hecho del rescate de lo manual y de los materiales naturales de nuestro hábitat.

A través del adobe y el carrizo logra tejer vínculos con la historia, la tierra y el espíritu humano del cobijamiento y la protección.

Las formas curvas resuenan en la superficie y nos recuerdan a membranas de resistencia y repercusión del sonido y la atmósfera. También hablan del calor y del ambiente que invita a ser recorrido.

Carlos Arturo Arias Vicuña

http://www.carlosariasvicuna.com

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Diciembre 2020

Crítica por la artista plástica, filósofa en arte y arqueóloga, Dra. Laurence le Bouhellec

Reposicionamiento orgánico

¿Alguien recordará haber encontrado en medio del bosque un árbol con el tronco cuadrado? ¿Y a cuántas especies más, sean del reino animal o vegetal, no aplicar la misma pregunta? Obviamente, con la misma respuesta: no. Un poco como si physis fuese necesariamente incompatible con la angulosidad que, sin embargo, el hombre como animal absolutamente sui generis desde su emplazamiento en la modernidad occidental, ha impuesto en el diseño de casi todo lo que ha construido, empezando con su propia casa. No ha de sorprender entonces que, a las propuestas arquitectónicas que se han generado con una marcada preferencia por el reencuentro con determinadas características del mundo natural se las suelen calificar de orgánicas. En este sentido, no hay más orgánica que la obra ideada por María Fernanda Torres Escobedo para cerrar con broche de oro la investigación realizada para su tesis de grado. Y no solamente por la abierta y voluntaria no angulosidad que caracteriza la estructura levantada en una sala de la planta baja de la Casa de Cultura de San Andrés Cholula, sino también por la selección de los materiales con los cuales fue levantada. Sin dejar de mencionar la ambientación ad hoc proporcionada a la exposición: el suelo cubierto de material vegetal en tono cálido, las macetas con plantas de vivos colores colocadas en puntos estratégicos de la sala y la misma estructura luciendo una bicromía contrastando un color mamey con un azul de lejana resonancia prehispánica. Definitivamente, con este trabajo han quedado sentadas las bases de más proyectos con este sello personal que ha ido madurando y definiendo María Fernanda Torres Escobedo a lo largo de su primera etapa de formación.

Laurence le Bouhellec Guyomar

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3 de enero del 2021

Crítíca por el historiador del arte y maestro en Estudios de Arte, Alejandro Chávez

Cuerpo curvo-devenir niño

Habitación-habitar. Se habita un plano de color, el sonido de una pisada rebotando en los cuerpos, la textura de una paja que resuena desde el suelo. Una cuestión de juego, pero sólo como techniques of livability (Mayra Morales); para sobrevivir al atroz embate del logos a secas, de la biopolítica… del fascismo. Pero habitar es siempre también una cuestión de hacer y de hacerse. Hacer/se un espacio donde saltar, de un pliegue donde vibrar y de un cuerpo desde donde jugar. Es el cuerpo curvo que salta ya. Un buen día, Torrescof se levanta y tiene una idea: un cuerpo curvo… ¿Cómo hacerse un cuerpo curvo? Así Torrescof, en el cruce entre su juego artístico y un ejercicio filosófico, parte en el umbral de esta interrogante para comenzar una experimentación, con la fuerza vital que le es inmanente al propio pensamiento. Entonces la artista comienza el trazo de sus mapas de afectos, pero siempre por en medio, pues es aquí donde se encuentra la vida. La vida como voluntad de potencia, tal como la pensaba Nietzsche (filosofo que pensó en la metamorfosis hacia el niño) : la vida que sólo busca en lo vivo, vivir, como una ramita emergiendo con sus pequeñas hojas de un pedazo de terruño montado. Entonces… ¿Cómo escribir alrededor ya de un cuerpo curvo? ¿Cómo hacer de esta escritura un cuerpo curvo como Torrescof lo ha puesto desde la materialidad de su hacer? Uno bien podría pararse en medio de aquel espacio y gritar: O o O o O. Pero el cuerpo curvo se hace poco a poco y constantemente, pues Torrescof propone a cada momento la búsqueda de su curvatura, o como diría ella, la búsqueda de un: “cuerpo cóncavo [que] se desborda por las esquinas”. Trayendo de golpe a la infancia siempre como un bloque para un devenir niño: los colores que se van plegando de un lado a otro, la composición de la paja en suelo y la resonancia de las líneas curvas que deshacen al organismo hasta volverlo… “cosmos, la explosión de un mundo… un devenir siempre contemporáneo” (Deleuze). Tal vez la línea de fuga, como nos enseña la artista, no tendría que ser nunca una línea recta. De ahí que Torrescof nos dice: "El espacio no es lo que parece”, statement que llega hacia nosotros como una bocanada de aire puro desde los campos donde nace el carrizo y con el que tenemos un encuentro: El espacio no es lo que parece, el espacio no es puramente un área geométrica, la supremacía del paradigma científico de la verdad le ha fallado a lo vivo (como nos recuerda a cada rato la artista), el espacio es siempre un habitar, energía que puebla el espacio (CsO) y un movimiento continuo siempre en co-composición. Un gateo incesante, un encuentro con el núcleo de la tierra, un color que salta del pliegue de composta matérica a la cara, que se expande en las manos y va manchando cada pedazo de la existencia, como la mancha del infinito en los pliegues del alma en el Barroco. Torrescof nos recuerda así, por medio de su investigación artística, tal como decía Deleuze, que “los organismos mueren, pero la vida no”. 

Alejandro Iván Flores Chávez

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